fgrim -> Isabel

Para ti, Isabel:

Hay historias de amor turbulentas, tumultuosas, historias que te dejan sin aliento y cuando se extinguen te dejan perdido y cercenado, historias que dan origen a hermosos poemas, dolorosos y maravillosos a la vez, historias que dejan en tu alma una herida imposible de sanar.

No fue esa nuestra historia, llegaste a mi vida de forma tranquila, es verdad que rompimos por un tiempo, pero volvimos como dos ramas de un río que se separan y vuelven a unirse, sin recelos ni dolor.

Y en esa historia nuestra llegó el momento de vivir juntos, de tener a nuestros hijos, de cuidarlos y hacer lo que mejor creíamos, para ellos y para nosotros.

Toda una vida juntos, tranquila, sin emociones fuertes, pero amable, como el fuego de un hogar, cálido y acogedor, con alguna discusión que rápidamente se disipaba, ni tú ni yo soportábamos no estar bien juntos.

Y entonces enfermaste, de una dolencia que poco a poco iba diluyendo tu ser, como la historia de un niño pero al revés, cada día desaprendiendo algo, y así durante años, dolorosos, para ti, par mí, para los nuestros. Una enfermedad que te consumía lentamente y un poco a mí también.

No me abandones, me dijiste, cuando nos dijeron, por fin, cual era la dolencia que tenías. Y esas palabras tuyas las tuve siempre en mi cabeza, y me salvaban cuando a veces, lo confieso, ya no podía más. Y pasaron años en los que los dos íbamos cayendo en un pozo oscuro.

Y llegó tu segunda enfermedad, más agresiva, más rápida, que te dejó en breve tiempo apagada y sin esencia y al final pudo contigo.

Y te fuiste y me quedé aquí sin ti desorientado, con otra vida por delante que no había buscado ni esperado. Te lloré mucho tiempo durante el final de tu existencia, ahora sólo quiero recordarte cuando eras tú y ver que me depara esta segunda vida que se me ha dado, sé que hubieras querido que estuviera bien, trato de estarlo.

Sé que no existe un cielo, pero debería existir uno para ti, mi esposa, mi amada, Isabel.